Sí, un año. Bueno; o casi. Era por mayo. Cuando el azahar
embriaga y la belleza de los patios, brillantemente recogida por la cámara de
Pedro (desconocíamos esa faceta, Pedro), sigue deslumbrando igual que hace 45
años.
Éramos bastantes; no faltaban muchos. Lo hiciste a
conciencia, Carmelo. Tu despliegue telefónico, electrónico, organizativo, dio
un más que aceptable resultado. La cita fue un gran éxito; lo bordaste. No te
canses, Carmelo.
Faltaba Julián. Amigo del corazón. ¡Qué pronto te fuiste,
Julián! Recuerdo el verano que pasamos juntos en Suecia; en Upsala. Al volver
tuviste una temporada a toda tu familia cenando descalzos y con velas. A tu
madre la tenías asustada. Luego te fuiste a un kibutz en Israel. Volviste
entusiasmado. Todavía faltaba una década para que Ariel Sharon se diese un
paseo por Sabra y Chatila. Eras entusiasta y vitalista. Y un extraordinario y
mordaz dibujante. Preciosa y atinada, aquella viñeta tuya en la que un profesor
se presentaba en clase, supuestamente de la Sexta Promoción, diciendo: “Soy el
sustituto del suplente del profesor adjunto”. Aparecía en aquella fugaz revista
multicopiada que editamos, preñada de juvenil ingenuidad y empuje. Quizás
alguien todavía conserve algún ejemplar. No estaría mal enviársela a Jerónimo
para ponerla en el blog (mejor tu hija, que a nosotros nos pilla ya un poco
mayores). También podríamos enviarte escaneadas fotos de aquellos tiempos. Y
cómo olvidar, por cierto, los elaborados escritos del cronista mayor, Luis el
del dos caballos rojo (¿o era granate?), que ahora debe de conducir un coche
con volante a la derecha. Queremos leerte, Luis; en cualquier idioma.
Te fuiste muy pronto, Julián. La sanidad te necesitaba;
contigo, ahora sería mejor.
Hace un año; o casi. Éramos 13. Hoy seríamos uno menos. No
hace mucho nos dejó también Eloy. Entrañable socarrón. Andaluz del Principado,
emparentado con Jesús, el fotógrafo de Costa Sol. El protocolo nos sentó juntos
en la comida de mayo pasado. Allí me contaste que te habían cortado una pierna,
como a Eduardo Madina. Y te escuché hablar de tu especialidad. Te gustaba la
ganadería; siempre te había gustado, y se notaba. Y disfrutabas hablando de
algo en lo que llegaste a ser un gran experto; era evidente que gozabas de tu
trabajo. De todas formas, me pareció verte un poco serio, y me sigue pareciendo
cuando repaso las fotos de grupo de aquel día. ¿Algún presentimiento? No lucías
aquella risa cariñosamente sarcástica que te recuerdo cuando explicabas por qué
Carmelo no sintonizaba mucho con la Guardia Civil: es que es un poco gitano,
decías, y ya se sabe que nunca los gitanos han hecho buenas migas con la
Benemérita. Coincidimos una temporada viviendo en la Avenida de Granada,
poniendo entre todos a prueba la paciencia de la Sra. María. Solo hace unos 45
años. ¡Qué efímero es esto!
Cada uno ha seguido su camino en la vida, pero durante unos
años compartimos promoción, venturas y desventuras. Y eso enorgullece. Querido
Julián. Querido Eloy: ilustres miembros de la Sexta Promoción, ¡que la tierra
os sea leve!
Antonio
No hay comentarios:
Publicar un comentario